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martes, 17 de noviembre de 2009

Management Ebooks: "SuperFreakonomics"

The New York Times best-selling Freakonomics was a worldwide sensation, selling over four million copies in thirty-five languages and changing the way we look at the world. Now, Steven D. Levitt and Stephen J. Dubner return with SuperFreakonomics, and fans and newcomers alike will find that the freakquel is even bolder, funnier, and more surprising than the first.

Four years in the making, SuperFreakonomics asks not only the tough questions, but the unexpected ones: What's more dangerous, driving drunk or walking drunk? Why is chemotherapy prescribed so often if it's so ineffective? Can a sex change boost your salary?

SuperFreakonomics challenges the way we think all over again, exploring the hidden side of everything with such questions as:

  • How is a street prostitute like a department-store Santa?
  • Why are doctors so bad at washing their hands?
  • How much good do car seats do?
  • What's the best way to catch a terrorist?
  • Did TV cause a rise in crime?
  • What do hurricanes, heart attacks, and highway deaths have in common?
  • Are people hard-wired for altruism or selfishness?
  • Can eating kangaroo save the planet?
  • Which adds more value: a pimp or a Realtor?

Levitt and Dubner mix smart thinking and great storytelling like no one else, whether investigating a solution to global warming or explaining why the price of oral sex has fallen so drastically. By examining how people respond to incentives, they show the world for what it really is – good, bad, ugly, and, in the final analysis, super freaky.

Freakonomics has been imitated many times over – but only now, with SuperFreakonomics, has it met its match.


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lunes, 12 de octubre de 2009

Management Ebooks: "Freakonomics"


L
as publicaciones de doble autoria pueden resultar una caja de Pandora. Si la química se halla presente, el resultado puede ser una obra interesante que lo deje a uno con más preguntas que respuestas, con ese bichito de la investigación personal que se mete y desencadena un escozor incómodo y general.

Esto sucede cuando se lee la obra de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner titulada Freakonomics.
Se trata de un economista y un periodista que unen esfuerzos para sacar a la luz este libro que se plantea muchas interrogantes a las cuales tratan de responder con argumentos sólidos y utilizando puntos de vista que muchas veces pueden pasar desapercibidos. En el proceso hacen acopio de estudios, estadísticas y otras herramientas propias del periodismo de investigación que buscan aportar solidez a las tesis que plantean. Quizá la parte floja de la publicación esté en los sucinto del tratamiento de los temas que, por su originalidad, merecerían muchas más páginas y me atrevería a decir que hasta publicaciones individuales.

Algunas preguntas que se plantean en Freakonomics incluso nos parecerán disparatadas y divertidas, sino dígame usted si se le hubiese ocurrido la siguiente pregunta: si los traficantes de drogas parecen tener tanto dinero, ¿cómo es posible que sigan viviendo con sus madres?
Sin duda una pregunta singular y hasta inocente pero que puede ocultar un trasfondo psicológico muy importante que nos puede devolver al origen del problema. Los casos incluso se ven enriquecidos con algunas lecciones de historia como el caso de Listerine: Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner “La publicidad también es una herramienta magnífica para crear sabiduría convencional“.

Listerine, por ejemplo, fue creado en el siglo XIX como un potente antiséptico quirúrgico. Más tarde se vendió, destilado, como limpiador de suelos y como remedio contra la gonorrea. Pero no se convirtió en un éxito arrollador hasta los años veinte, cuando fue lanzado como solución a la “halitosis crónica”, lo cual por entonces constituía un oscuro término médico. Los nuevos anuncios de Listerine mostraban a hombres y mujeres tristes, ansiosos por casarse, pero a quienes daba asco el aliento a podrido de su pareja.
“¿Puedo ser feliz con él a pesar de eso?”, se preguntaba una doncella. Hasta ese momento no se había considera que el mal aliento constituyera una catástrofe. Pero el Listerine se encargó de cambiar las cosas. Como apunta el profesor de publicidad James B. Twitchell, “Listerine no creó tanto el enjuague bucal como la halitosis”. En sólo siete años, los ingresos de la compañía ascendieron de 115.000 dólares a más de ocho millones.